No es lo que digo sino por qué, por Xavier Zavala Egas
Publicado el 26 Marzo 2009
Tomado de la versión digital de diario expreso del Jueves 26 de Marzo: http://www.expreso.ec/ediciones/2009/03/24/opinion/no-es-lo-que-dijo-sino-por-que/Default.asp
Análisis
Las generalizaciones son odiosas, esto de lanzar acusaciones al viento provoca injusticias y fastidio, por ello se debe ser muy cuidadoso en decir quién, cuándo y cómo surgen las culpas. Me van a disculpar algunos o muchos, realmente no lo sé, pero en este Gobierno se ha venido garantizando la libertad de expresión sin discusión alguna, a pesar del esfuerzo que hacen algunos levantando la mano para convertirse en víctimas de una supuesta represión de ideas y pensamiento.
Mañana, tarde y noche la insinuación, el comentario sugerente, la pregunta capciosa y hasta la injuria contra funcionarios de este gobierno y el mismo Presidente de la República, llena el contenido de ciertos noticiarios en televisión y radiodifusoras. Leyendo los titulares de algunos periódicos, que no tienen relación alguna con la noticia que encierran, muestra el esfuerzo por lograr una crítica sesgada. La ciudadanía es testigo día a día de mis afirmaciones, las mismas que, en un gobierno distinto, hubiera, ahí sí, provocado serias persecuciones y hasta atentados a la libertad de expresión y la propiedad privada. Pero bien, en el tema comentado no hay santos ni pecadores, no cabe la opinión maniquea que concluye en buenos y los malos.
El presidente Correa patea el tablero político posesionándose de un espacio que buscaba reivindicación hace mucho tiempo en el Ecuador. Cambiar el sistema, oxigenar los espacios, democratizar el acceso a todo tipo de oportunidades y despresurizar paulatinamente las tensiones sociales era un anhelo muy sentido por los ecuatorianos. Ese deseo se encarnó en el momento oportuno en Rafael Correa y este siempre supo que tenía una guerra comprada con los tentáculos protectores del sistema que se pretendía cambiar.
Tentáculos que, también sin generalizaciones, son ciertos líderes de los partidos políticos protagonistas de nuestra reciente historia, alguna prensa temerosa de la conculcación de la libertad de empresa que suponían venía rauda y veloz, así como la mayor parte del poder financiero temeroso de todo gobierno con discurso socializante.
Puestas así las cosas, a quién le puede sorprender que un Presidente de la República en tales circunstancias y con la magnitud de las armas en su contra no se sienta perseguido, en extremo sensible a las críticas y hasta paranoico, más aún con la inexperiencia de una escasa exposición pública, la inmadurez para moverse en la arena política y pocos años de edad. Si a lo dicho le añadimos carácter explosivo, personalidad polémica y suficiencia intelectual da como obvio y no justificado resultado, explosiones presidenciales con frases fuertes en contra de cierta clase de periodismo.
Sin embargo, también es cierto que el periodista engreído, el de comentarios sesgados, el imprudente y hasta el ignorante, aún lesiona nuestra retina y aturde nuestros oídos. Por eso decía, en este tema del Presidente y la prensa no hay buenos ni malos.
Cualquier Presidente con el discurso de Rafael Correa hubiera polarizado las cosas en el país, pero la personalidad de este agrava aún más las diferencias. Pero, no seamos simplistas pensando o diciendo que Correa es un insultador permanente con la gente que hace o intenta hacer algo de periodismo y expresas sus ideas, eso es una zoquetada.
Todo esto tiene un importante trasfondo que rebasa los defectos personales de uno y los engreimientos de otros, debemos pues ubicar las cosas en su real perspectiva y en tal momento, lo que dice fulano a diario, lo que escribe sutano algunos días por semana y lo que contesta mengano los sábados, pierde totalmente importancia.
Las palabras materializan ideas y pensamientos, son meros mecanismos de expresión y, por ello, no importa lo qué verbalizó o escribió sino por qué lo hizo. Si entramos en tal análisis veremos que el país está envuelto en una pelea más importante que supuestas injurias recíprocas entre el Presidente y algunos periodistas, las acciones legales por tal causa no mostrarán esta verdad evidente.




