MISOGINIA, por Silvia Buendia
Publicado el 26 Marzo 2009 por Gina Godoy
Misoginia
SILVIA BUENDÍA
Abogada
En el siglo ocho antes de Cristo se empezaron a fraguar los mitos sobre la creación de la humanidad. Tanto la tradición judía como la griega coinciden en que hubo un tiempo ancestral en el cual el hombre existió en gozo de autonomía y felicidad, alejado del sufrimiento. Luego llegó la mujer y con ella el desastre. Eva con su estúpida desobediencia condenó a Adán. Fue la responsable del destierro del paraíso terrenal y del pecado original.
Pandora, maliciosa y astuta, tenía mucho más clara su misión desde el principio: conseguir que Epimeteo abriera su caja que contenía todos los males de la tierra (y muy al fondo, la esperanza). El cristianismo heredó estas dos vertientes. Del judaísmo adquirió el mito de la caída del hombre por culpa de Eva. De los griegos tomó prestada la “prueba científica” de Aristóteles que explica la inherente inferioridad de la mujer. De esta manera el cristianismo, la religión más importante de la civilización occidental, desarrolló la idea del pecado y la culpa irremediablemente ligada a la mujer. Solo se salvó María, la madre de Jesucristo, deshumanizada y elevada a los cielos.
Para los primeros filósofos de la iglesia la mujer solo podía ser entendida como virgen purísima o como diabla envilecida. La misoginia siempre ha manejado un dualismo que, o bien condena a la mujer por ser sexualmente insaciable y promiscua, o bien niega totalmente la sexualidad femenina. Esta larga tradición de desprecio y sublimación hacia las mujeres hizo posible la irracional caza de brujas en la edad media.
Pasan los años y dejamos atrás el oscurantismo. Sin embargo, ni los adelantos de la ciencia, ni el nacimiento de las ideas democráticas o el desarrollo de la filosofía centrada en el individuo lograron desterrar tan fácilmente la misoginia. Ésta, como todo prejuicio, suele estar enraizada fuertemente en la cultura de la sociedad y desafía la razón.
Sigmund Freíd, con su teoría sobre la envidia del pene, intentó explicar la misoginia, esta vez, desde el punto de vista científico. La niña al descubrir en su hermanito un órgano que ella no posee, o posee en muy pequeña escala, desarrolla un sentimiento de inferioridad. El hombre, por el contrario, al ver en la mujer una especie de ser mutilado, pues posee un pene atrofiado, diminuto (parece que para Freud el tamaño sí contaba) experimenta hacia ella desprecio al considerarse superior. Esto establece al hombre como la medida de la sexualidad normal, frente a la cual la sexualidad femenina es anormal.
Para la sociedad occidental sigue siendo perturbador que una mujer escape de su rol tradicional. Que podamos, por ejemplo, disfrutar de una sexualidad saludable únicamente por placer. Que nos neguemos cada vez más a ser sólo las madres de nuestros hijos o sólo las mujeres de nuestros maridos. Frutos de la misoginia son los abusos, exclusiones, violencia y crímenes que aún hoy se siguen perpetrando contra la mujer en todo el mundo.
Tener un día al año dedicado a la mujer no es suficiente. Los derechos de la mujer son derechos humanos. Cualquier política que falle en reconocer esto estará despersonalizando a la mitad de la raza humana.
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